martes, 28 de diciembre de 2010

I


¿Cuál es la voz de la indiferencia,
cual ha sido el sonido atronador de mis aguas turbias acariciando tu mirada postrada?

¿Acaso los trenes pasados han calado tan profundo los rieles en tu piel
que el sabor de la novedad es hiel se vuelve hiel entre tus labios?

¿Dónde está el dintel de la puerta que nos separa?

Se desdibuja cuando rompes el silencio en una palabra


Contemos las insípidas palabras al vuelo

como números intertes llenos de pasión funesta
Mensajes de droga cálida y venenosa,
como el mismo veneno de tus palabras envolviéndome
presas de la necesidad.


Que las palabras sean ahora un abismo mayor a la mirada,

que nos sumerjan en la avidez de nuestras almas,

que nos abracen de brazas, de furia, de dolor.

Que se lleven la liviandad de la noche.


Y heme entonces entre hojas sueltas
entre colillas
entre recuerdos

tras bambalinas
tras recuerdos
Buscándolos, mordiéndolos.

Esperando hacer acaso un mísero pasado,
como si el destino no fuese desidia
y mi andar no sea una condena ajena.


¿Sabrás entonces que le hablo a la inocencia en tu interior?

Aquella solitaria y pérdida,
abandonada a mi pesar aún antes de haberla conocido.

Sentido, demasiado sentido en mis hombros

Demasiado he sentido en mis abriles

Demasiado sentido maúlla mi corazón

Tan sentido, tantos sentidos.


Ciego de velas y sordo de lunares

vago entre los secretos del silencio, como si pudiera hallar alguna llave

que me libere del peso.

Camino, digo, pero me quedo, como un bloque estático inmenso,

que hace fortuna con el paso del viento, con el frío del agua, con un simple adiós.

¡Pero espera!
Que mi pesar no te amarre demasiado,

pues todo lo que pesa tira tanto para abajo.

Anhelo contemplarte desde mi propio cielo,
como mis pechos rebosantes de placer enjaulado,
encadenados a un porvenir.


Puede que deje a la esfinge mirando, como siempre mira, como siempre desnuda.

Puede que camine más allá de tu cielo, que te encuentre, que me duerma, que me llames

que te cubra con un cielo azul de terciopelo, que me bañe en el río de tus ojos.

Que mis palabras llenen tu silencio,

acaso entonces mi mirada altiva brindará apoyo a tu alma endeble.


Pero yo miro desde arriba, y tú pesas demasiado hacia abajo.

Tirémonos un rato entonces en la cama o en el piso

Atrincherémonos contra la pared:

que el mundo es un lugar terrible,
y el presente instantáneo es también sucedáneo.

Sucia de besos, apagaré tus piernas.


Perdido entre los avatares de un adiós impronunciable

Entre los toqueteos de piedra

Calenturas juveniles

Quemando corazones.


Bajo ríos busco en tempestuosas corrientes, aquello que en el aire acabo por perder

y preguntas con furia, con temor, con silencio.

y entre aquello perdido, me siento desvanecer.

Pero te digo a gritos con la boca cerrada: ¡no detengas el paso, se aproxima el cuartel!

No renuncies te pido y me callo, y me ahogo y me pierdo, en la arena de un desierto florido.


Florido en la ciénaga de tus labios dormidos

que bordan mis pechos, mi alma, mi aliento

sediento, espero

sedienta cedo

buscando al fin, la salida o el encuentro de un océano saciado de aburrimiento o pesar.


Se detiene el tiempo quieto de antemano
las gotas caen cada vez más lento
segundo
a
segundo
Bajan

Los sonidos a la distancia sueñan un mañana ajeno,
donde las flores mueren ante el brillo de un sol indiferente.


Mis córneas se abren de par en par,
como puertas de un laberinto,

te pregunto entonces desde mi propio mutismo:

¿Darás aquel paso,
o la vida seguirá tan reposada como ha sido hasta ahora?

Vomitando para ti y para mí instantes fugaces;
que mi sombrilla no cobijó.

Me retumban tus palabras: sol indiferente, hago esfuerzos para serlo, ser radiante, indiferente
te respondo con mis labios ávidos como la tierra.
Secos como el desierto de esta sangrienta trinchera.
es el verso, el portazo que mi espíritu destruye, es la vida reposada como insinúas?
me derrumbo bajo el peso del que haces uso y abuso.
¡Derrúmbame te imploro!
¡Derrúmbame tú!

Indiferente, o diferente como todos los que lamentan esta sed que mata paso a paso
en el desierto herido de multitudes lejanas que pasan, repiten, insisten
pasa nada y pasa todo y aquí estamos yaciendo en el pantano, buscando salida
perdiendo el tiempo o ganando recuentos que no espero, pero entiendo
o creo, añoro, no pierdo esperanza y busco el aire, el aroma del cielo
me pierdo
me pierdo
me pierdo

¡Ya basta!
Ya alimenté tantos ríos con mis lágrimas que la tierra me devuelve los deltas esparcidos por el mundo.
Ahora, quedo, a tientas, con los ojos secos, te pido la sabia savia empapada de lo que di.
De cuanto dejé contigo, de cuanto perdí por ti.

Es el conteo incesable en la ventana, me pregunto si tal vez lo oyes, serpentea, silba es la estrecha lluvia y su galope.
Me pregunto, me cuestiono, me interrogo, me mareo.
¿Entiendes lo que digo?, ¿me escuchas?, ¿me lees?
temo que lo hagas más que si no lo hicieras.
Es Babel el reino en apogeo.
Réiname Babel en medio de la noche, réinanos.
Gozo en el desencuentro, en la falta de entendimiento.
¿Ves mis lágrimas caer? son dicha, perversa dicha, de lo dicho y lo no dicho.  

Infinitas lenguas nos gobiernan bajo oscuras aguas
tras miradas insondables
tras sonrisas huecas
tras lágrimas infecundas
tras amores y desamores
pero donde hay agua hay vida, y en la vida me quedo
me esmero, buscando amores, buscando el candor claro de la luna en la mañana.

El dolor me posee, excretado por mis glándulas más íntimas,
en jadeos descontinuados, entre vaivenes monótonos y repetitivos,
recorriendo lo que ya conocemos ambos con amargura.
La sorpresa murió antes de tiempo para nosotros,
y la carne siempre busca nuevos sabores,
pues nació antes que yo, domina mis elecciones.
Son solo las erecciones las que quedan a mi pesar
mientras tus besos a mi sombra agobian mi pasar.  

¿Recuerdas ese día en la mañana?
al oler tu cabello supe de tus sueños rotos
los ignoré, y me pesó entre los sollozos que lentos bajaron por la ventana
una ventana oculta hacia un lugar oculto
y ¿quién eres tú?, te preguntarás
dormida, me quedaré... desapareceré y eso ya lo sabías
triste me quedo, recordando, intentando descifrar mi sueños
atolondrados, amargos, perdidos, dolidos
...dolidos.

Sórdidos, descriteriados, ajenos
Como un virus dentro de mí mismo
Virus de mi propio ser, consumiendo mis días en preguntas inquietas
en besos fugaces, en orgasmos insatisfechos,
como mal regalo de navidad, cuando las fantasías nacieron muertas.
Abortadas.
Arrojadas al éter de nuestro nadir, para caer lentamente en nuevos regazos.

Me dices con la mirada incierta: ¿amor?
Es hambre satisfecha, y yo soy la carnicería de turno
Mientras usamos lo poco que nos queda de pasión,
consumida en pipazos de angustia.-

Debieras recordar lo que mis ojos te gritan, cielo
una tarde fría, el temor huyendo.
Bajo tierra pasa la vida, más aún que bajo el sol.
Ese sabor es el de tu carne, lo guardo, lo atesoro, junto a tu verde mirada
inquietante, inquisidora.
Esa voz tuya tan tuya, sóplala suavemente, esa humedad incómoda, que no puedo alejar, no puedo extraer la roca de mi rendición.
Porque me rendí como nunca ante ti. -

Acumulando humedades entre mis piernas furiosas
que te amordazan como quitando pedazos
para llenar el estallido hueco, que inerte espera en mi corazón
te miro obnubilada, mientras planeo el éxtasis que has de sentir
me engaño esperando respuestas que no doy
que no das,
dame algo más
bebe de mi sed; desierta, desnuda, transparente a ratos
quejumbrosa, azarosa, rosa, rózame el desvelo.

¿Quieres conocer mis desvelos? ¿Quieres que arranque el velo?
Juego a dos bandos ahora, te engaño con mi prosa azarosa, te escribo y te miento
¿sigo?
te beso y te olvido, o lo intento.
¡ja! lo intento.
Abro puertas a sitios que desconozco y te invito a alojar junto a mí.
Pero huyes antes de que yo lo intente.
Te engaño con mi prosa azarosa, te engaño porque me engaño a mí.
Me busco en la sombra de un sauce atardecido y te encuentro a ti, sentada tomando mi mano.
Ya no te engaño, sólo escribo aquí.
¿Me crees?
deja que me crea yo primero.

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